Cambia el Chip: Día Mundial de los Ríos. Actuemos y dejemos la hipocresía

Medio Ambiente

Cambia el Chip: Día Mundial de los Ríos. Actuemos y dejemos la hipocresía

29 de septiembre de 2025

El cuarto sábado de septiembre el mundo celebra el Día Mundial de los Ríos, una fecha para recordar que el agua no es solo un recurso: es la base de la vida. Y aunque las Naciones Unidas nos invitan a reflexionar sobre la importancia de proteger estos ecosistemas, en República Dominicana la realidad nos enfrenta a una verdad incómoda: hemos vivido de espaldas a nuestros ríos.

Justo este sábado 27, mientras el mundo conmemoraba la fecha, en nuestro país experimentábamos las consecuencias de nuestras acciones: inundaciones, crecidas y ríos que volvían a su cauce original, causando grandes daños como resultado de las fuertes lluvias.

Nuestros ríos son olvidados y maltratados; solo nos acordamos de ellos en los momentos de tragedia.

El Ozama, Isabela, Nizao, Yaque del Norte, Yuna, y tantos otros nombres que deberían despertar orgullo nacional, hoy son sinónimo de contaminación, descuido y saqueo. Hemos reducido sus cauces a vertederos improvisados, a baños temporales en verano y a escenarios de desastre cuando la naturaleza nos recuerda que siempre cobra factura.

La mayor parte de las aguas residuales urbanas termina en sus lechos sin tratamiento. Toneladas de plásticos se acumulan en sus márgenes. La minería ilegal extrae arena y grava a plena luz del día, debilitando sus orillas y poniendo en riesgo comunidades enteras. Y, mientras tanto, miramos hacia otro lado.

Nuestra hipocresía colectiva: Nos llenamos la boca diciendo que “el agua es vida”, pero actuamos como si fuera desecho. Protestamos contra proyectos cuando conviene políticamente o sirve a intereses particulares (a los que seguimos como borregos), pero en nuestra vida diaria arrojamos basura y contaminamos sin remordimiento.

Apartamos la mirada de la realidad y, para tranquilizar la conciencia, aplaudimos una jornada de limpieza, subimos fotos a las redes sociales y al día siguiente volvemos a ensuciar.

Esa incoherencia nos ha convertido en un país que usa a los ríos como excusa política, pero no como patrimonio común. Hemos sido hipócritas: exigimos protección en los discursos, pero en la práctica seguimos destruyendo.

El agua no es solo futuro: es nuestra realidad presente, y cada día es más escasa. Si no cambiamos el chip, nuestros ríos seguirán muriendo lentamente. Y con ellos, se debilitarán nuestra seguridad alimentaria, nuestra salud pública y nuestra resiliencia climática.

La defensa de los ríos no puede ser un tema de moda: tiene que convertirse en política de Estado, en hábito ciudadano y en compromiso empresarial.

Necesitamos educación ambiental real en las escuelas, sanciones firmes contra la extracción ilegal y la contaminación, proyectos de restauración de humedales y bosques ribereños, y sobre todo, una ciudadanía que entienda que el río que cruza su comunidad no es un basurero: es su fuente de vida.

Hoy, más que nunca, debemos dejar atrás la indiferencia. El Día Mundial de los Ríos no es una efeméride decorativa (y que de más estar decir que pasó sin pena ni gloria): es un llamado urgente a reconectar con nuestras aguas, a defenderlas de la codicia y el descuido, y a reconocer que sin ríos vivos, no habrá país posible.

Cuidar los ríos es cuidarnos a nosotros mismos. Cambia el chip.